El problema pedagógico
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El problema pedagógico

Si queremos hacer progresar cualquier campo de conocimiento debemos tener una actitud crítica que nos permita reexaminarlo para detectar problemas y mejorarlo. Este es el sentido de este post, repasar cuáles son, a mi juicio, los no pocos problemas, que a día de hoy tiene la pedagogía.
El problema pedagógico

Si queremos mejorar la educación es indiscutible que la pedagogía es necesaria y tiene un papel central en esta tarea.

Sin embargo, existe un discurso muy amplio entre un sector que se dedica a la educación de que la pedagogía “no sirve para nada”.

Lejos de centrarme en el sin sentido que supone este discurso y que ya he tratado en alguna ocasión (post), me parece que si queremos hacer progresar cualquier campo de conocimiento debemos tener una actitud crítica que nos permita reexaminarlo para detectar problemas y mejorarlo.

Este es el sentido de este post, repasar cuáles son, a mi juicio, los no pocos problemas, que a día de hoy tiene la pedagogía.

La cualidad del campo

Una de las cuestiones centrales que influye de manera determinante en las creencias y prejuicios que tenemos sobre la pedagogía tiene que ver con la cualidad de esta y que se da en pocas áreas de conocimiento: lo que yo llamo el saber acumulado.

Y es que cuando cualquiera inicia sus estudios sobre educación lleva en su mochila una amplia experiencia (18-19 años) sobre lo que significa educar, el rol del docente, del alumnado, lo que significa aprender, etc., fruto de su paso por el sistema escolar.

Esto no pasa por ejemplo en medicina. Donde sí, tu tienes una idea y una experiencia de lo que significa ser médico y/o paciente pero mucho menor de lo que es y/o debe ser la escuela. Recordemos que normalmente pasamos alrededor de 6 horas de lunes a viernes en toda nuestra etapa escolar.

Esta experiencia es, por lo tanto, muy potente. Con ello me refiero a que está muy arraigada en el imaginario de todos nosotros. Transformarla para que sea más acorde con el conocimiento elaborado de investigaciones y estudios y que, muchas veces es absolutamente contrario a nuestra enorme experiencia es, cuanto menos, complicado.

La deriva pedagógica

Seamos honestos, si queremos revalorizar la pedagogía debemos reconocer que en esta se han producido y justificado los discursos más variopintos y muchas veces de dudosa justificación (práctica y teórica).

Otro análisis que podríamos hacer aquí y que daría para otro post, es si este asunto es exclusivo de la pedagogía o es común a toda la formación superior. No obstante, centrándonos en la pedagogía, podemos decir que esto ha creado una sensación de vendehumismo que, si bien muchos y muchas aprovechan para justificar y resaltar los prejuicios y creencias que como profesionales ya traían de casa, no es, bajo ningún concepto, aceptable.

Revalorizar la pedagogía pasa por exigir rigor en los discursos y debemos ser los propios pedagogos y pedagogas los que critiquemos y denunciemos estos discursos que no se sostienen bajo el más mínimo análisis serio.

No todo vale

En relación con lo anterior, muchos compañeros y compañeras que trabajamos en la formación de futuros y futuras educadoras llevamos años exigiendo rigor a nuestro alumnado.

No es aceptable que los profesionales educativos en formación vivan de eslóganes y buenismos. Esto no quiere decir que el eslogan sea erróneo, sino que sin un argumento de peso detrás, teórico y basado en investigaciones, no es una postura profesionalmente sostenible.

Ejemplos sobre esto podemos encontrarlos a diario, cuando alguien usa de argumento por ejemplo el clásico “los niños deben ser felices” o “es mejor trabajar en grupo”, …

¡Claro! Pero si yo cómo profesional educativo no tengo un argumento sólido detrás de estas afirmaciones, es únicamente eso, un eslogan sin valor ninguno que además contribuye a desprestigiar nuestro campo de conocimiento.

Si yo llamo a un fontanero o un arquitecto o … a que me haga una reforma en casa no me conformo con que me suelte dos eslóganes y listo, sino que quiero que me explique con claridad y solidez el porqué de las soluciones que me plantea: “Esta columna no se puede quitar porque es un pilar sobre el que reposa el peso de la casa”, por poner un ejemplo.

Es por eso que nosotros nos pasamos todo el transcurso de las asignaturas que impartimos en la formación de educadores y educadoras, explicándoles que la única diferencia entre un buen educador y un mal educador, es que el bueno, sabe porqué hace lo que hace y tiene argumentos sólidos para defenderlo. Entiéndase aquí argumentos basados en conocimientos, investigaciones, … más allá de sus propias creencias, prejuicios y/o experiencia.

El problema social

Si bien todo esto que hemos comentado fomenta y produce, como decíamos una conciencia de que esto del conocimiento educativo es algo de bajo valor, existe un problema añadido y es que estas consideraciones se asumen y se fomentan desde las instituciones.

Tenemos casos muy claros ahora con el problema COVID19, por ejemplo, como las administraciones no han escuchado ninguna de las necesidades que planteaban las voces de maestros, profesores, … ni de las cuestiones cruciales que han puesto sobre el tapete las investigaciones que se han realizado.

A la administración, la calidad de la educación únicamente le preocupa a nivel discursivo y no le hace falta, para la toma de decisiones, escuchar ni tomar en cuenta los planteamientos de los y las expertos en este tema.

Más claro aún en este sentido, es la reciente decisión de permitir la contratación de profesorado de secundaria sin el máster de profesorado.

De alguna manera la administración y las instituciones están asumiendo y justificando la máxima de que “para enseñar algo sólo necesitas saber de ese algo” y que, por lo tanto, el conocimiento sobre el acto de enseñanza en sí: metodología didáctica, aprendizaje, justicia social, evaluación, … no tiene valor. Esto raramente pasa en otras áreas de conocimiento.

El eterno problema del máster de profesorado

Otro de los problemas importantes a mi juicio, es el sempiterno dilema de la formación del profesorado de secundaria.

Para que no haya malos entendidos, voy a ser muy claro: mi opinión es que un profesor o profesora de secundaria debe saber mucho de su materia y mucho de pedagogía. Cualquier deficiencia en ambos aspectos, me parece una mala combinación para dedicarse a la educación.

El problema con el máster de profesorado tiene que ver, en mi opinión, con dos cuestiones:

La primera de ellas, es que el diseño curricular (que viene muy acotado a nivel ministerio) es impracticable. Y claro, esto reproduce el ciclo del desprecio de la pedagogía:

Al master de profesorado se incorpora un alumnado que generalmente ya viene con una opinión muy asentada de que no les hace falta saber de educación para dedicarse a ella. Si a esto le sumamos un máster que estructuralmente es un “desastre” y que muchos de los discursos que reciben en esta formación exprés es cuanto menos de dudosa justificación o no soporta el más mínimo análisis serio… tenemos garantizada la próxima generación de haters de la pedagogía.

La segunda de ellas es el tiempo de formación, recordemos que un maestro o maestra pasa cuatro años estudiando educación, mientras que un profesor de secundaria debe ver todos esos conocimientos en un año escaso.

Si a eso le sumamos que la secundaria es una etapa, por el momento madurativo y biológico en el que se encuentra el alumnado, más que complicada, ya tenemos otro ingrediente más para el cóctel del desastre.

En esta línea toca ser más crítico aún; si bien para acceder a secundaria necesitas – o necesitabas – un máster que acreditara que algo de educación habías visto en tu formación, el caso de la universidad es más sangrante. A dar clases en la universidad puedes dedicarte sin necesidad de acreditar el más mínimo conocimiento sobre educación.

Esto, lógicamente, explica muchas de las prácticas – por llamarlas de alguna forma – a las que estamos, por desgracia, acostumbrados en todas las carreras universitarias.

Concluyendo

En definitiva, mi intención con este post no es “agitar”, más bien todo lo contrario. Dese una postura conciliadora, ofrecer ideas sobre las que reflexionar todos y todas para mejorar el tema que nos ocupa: la educación en cualquier nivel.

Afortunadamente y para ser justo, debo decir que cada vez conozco más compañeros y compañeras de todos los niveles educativos que realizan su labor de forma más que ejemplar y además lo hacen sin apoyos, sin recursos, sin formación, …

En cualquier caso, y para terminar, entiendo que el debate no es si hace falta o no la pedagogía (este falso dilema me da que tiene más que ver con los prejuicios de cada uno que con una preocupación educativa) sino con cómo hacer que está tenga un papel más útil y ajustado para la educación y los y las educadoras.

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