Estos días he publicado en Diario Red una reflexión sobre uno de los debates más empobrecidos – y a la vez más utilizados políticamente- en educación: el del adoctrinamiento en las aulas.
“El problema no es que la educación tenga ideología —la tiene siempre—, sino cuando esos marcos se presentan como neutrales, universales e incuestionables.”
Durante décadas, la pedagogía crítica ha mostrado que el adoctrinamiento no suele producirse de forma explícita, sino a través de mecanismos mucho más sutiles y eficaces: la naturalización del conocimiento como verdad cerrada.
“Cuando la escuela presenta determinados saberes como universales e incuestionables, borra todas las decisiones políticas, culturales y sociales que hay detrás del currículo.”
De ahí que el problema no se resuelva cambiando contenidos por otros “mejores” si se mantiene intacta la lógica transmisiva.
“Mientras entendamos educar como transmitir conocimiento, estamos, de facto, adoctrinando.”
A lo largo del artículo intento mostrar cómo muchas de las confusiones actuales sobre adoctrinamiento tienen menos que ver con los contenidos y más con una cultura escolar basada en la transmisión y la reproducción acrítica.
Podéis leer el texto completo aquí:
