Este lunes tenía el tribunal de la plaza para profesor titular de universidad, en la que presentaba, en dos ejercicios separados, por un lado, mi historial de vida académica y un proyecto de investigación inédito, y por otro, el proyecto docente para una asignatura y la exposición de un tema libre dentro de ella (En mi caso elegí Educación y Justicia social). Te dejo a continuación los agradecimientos que acompañan a todo el proyecto escrito.
Cuando un trabajo como este te obliga a pararte y echar la vista atrás, no puede uno más que tomar conciencia de la fortuna que he tenido en muchas decisiones que ha tomado y que, en su día, fueron de alguna forma arriesgadas. Mi amigo de toda la vida, Alberto, dice que soy una persona con mucha suerte en la vida (aunque él utiliza una expresión mucho menos académica que tiene que ver con flores y la parte del cuerpo sobre la que nos sentamos).
También emerge, clara como el agua, y me hace sentirme enormemente agradecido, la fortuna que he tenido al haberme encontrado gente excepcional allá donde he ido. Gente que no solo me ha ayudado siempre de forma generosa e incondicional, sino personas que me han hecho aprender, crecer y ser mejor persona en todos los aspectos de mi vida. Muchas de ellas, además —y esto es lo realmente complicado—, lo han hecho dando ejemplo con sus acciones, esto que algunos llaman “educar a través del vínculo”.
Nada de lo que yo diga o haga puede devolver, tan siquiera, un poco de cuanto he recibido -y sigo recibiendo- de todas esas personas, pero sí que me parece honesto, y por qué no decirlo: me apetece, hacer un reconocimiento a lo que su amistad ha supuesto para mí, aunque sea en pocas palabras. Así que vamos allá.
En primer lugar, obligado, pero no por ello menos importante: A mi familia. Especialmente a mi madre y a mi padre, que, después de ver cómo su hijo se perdía, se encontraba, y se volvía a perder y encontrar, decidieron seguir pagándome los estudios cuando les dije que quería hacer un doctorado, que cambiaría mi vida -personal y profesional- para siempre. Por estar siempre ahí, en todos y cada uno de los proyectos que he emprendido -y que sigo emprendiendo-, independientemente de que entiendan o no lo que me mueve a hacer las cosas que hago, a ellos les basta “que me mueva”. Respetar eso ya me parece que vale su peso en oro.
A mi hermana Marina, que es más que una hermana: Compañera de piso, de juergas, de películas y series, madre perruna… y ahora en proceso de ser doctora también. La palabra “hermanos” se queda muy corta para describir la relación que nos une.
A mi tío Juanma, al que le tengo un inmenso cariño, pese a que sea psicólogo -no se me ocurre mejor expresión de amor que esta-. Por estar siempre pendiente de todo y de todos y todas, y ser un ejemplo de disfrutar con lo que se hace, pero, sobre todo, porque sigue siendo el mismo tito guay con el que me moría de ganas por jugar a los Playmobil y que me alegraba el día cuando venía a casa.
En segundo lugar, toca la parte profesional, y quiero empezar por el lugar donde dejé enterrado parte de mi corazón para siempre: Cádiz.
No hay nada que pueda decir aquí para explicar lo mucho que echo de menos tener cerca a Cotri, Mayka, Berta y Hugo, nuestra familia adoptiva gaditana, personal y profesional. Gracias por confiar en nosotros, y, sobre todo, por cuidarnos. Me venía con mucha fuerza durante este trabajo el día -y la situación- en la que Mayka trataba de explicarnos, a mí y a Noe, qué era eso del ApS, que yo no terminaba de ver… y que ahora forma parte del trabajo diario de nuestras asignaturas.
Igualmente, no puedo dejar de agradecer a todos los amigos y amigas de la UCA que sigo echando de menos a diario, en clase y fuera de ella. Especialmente a Laura, Reme y Sonia, pero también a Rosa, Fernando, Mónica, Lupe…
De la Universidad de Málaga, me apetece empezar por algo de lo que cada vez soy más consciente -quizá por haber salido y haber vuelto-: Lo enormemente afortunado que somos con el departamento y el grupo de investigación que compartimos. En los que, si bien es normal que de vez en cuando existan fricciones, son espacios compuestos, en su mayoría, por gente sensata, comprometida, respetuosa con los demás y espacios tremendamente ricos y estimulantes intelectualmente. No solo es que tenga la suerte de compartir espacios, tiempos, clases, cervezas… con gente que otras personas solo tienen la oportunidad de leer. Es que somos ya varias generaciones las que, de todos vosotros y vosotras, hemos heredado una tradición educativa, política y ética muy concreta, de la que reconozco empieza, a veces, a pesarme la responsabilidad de ser capaz de mantener.
Haciendo el historial académico de este proyecto, me empiezo a dar cuenta de la larga trayectoria, momentos y proyectos compartidos con todos vosotros y vosotras: Ángel, Encarna, Nacho, Nieves, María José, Piedi, María Jesús, Pilar, Analía, Javier, Monsalud, Pablo, Iulia, Sebas, Agustín, Diego, Marcos, Juan… y muchos y muchas más que me dejo en el tintero y que espero sepan perdonarme.
De todos ellos y ellas, nunca tendré palabras suficientes para agradecer a Kiko y a Miguel. Ellos me abrieron la puerta a otra manera de ver la educación y cambiaron mi vida para siempre. Pero, además, son el mejor ejemplo de isomorfismo que he visto y vivido jamás. Gracias por haber confiado en mí desde el principio y por haber tenido la paciencia de guiarme y acompañarme. Sois los mayores culpables del profesional que soy hoy en día.
A Laurita -aunque sea compañera y tenga dos niños, siempre será para mí Laurita-, por ser cómplice de muchas de nuestras aventuras y prestarse a ser parte del trío docente que nos hemos montado en esta asignatura. También, por esos momentos inolvidables de ocio con César, Oliver y Celia.
A Edu, Ester y Uli, compañeros de viaje, proyectos y procesos desde que éramos alumnos y alumnas. Hacer las cosas juntos, acompañados… sigue siendo un lujo. Por todos los proyectos en los que estamos, y de los que Márgenes es la niña de nuestros ojos, pero también por todos los que nos quedan por hacer.
A todas las promociones de alumnado que he tenido en todas las asignaturas que he impartido desde que me inicié en esto de la docencia, por su paciencia con mis errores y por su capacidad para pringarse en todas las locuras, debates, propuestas… que se nos han ocurrido. Gracias por recordarme a diario que tengo la mejor profesión del mundo.
A los profes de coles e IES que han permitido -y permiten- que nuestro alumnado y nosotros nos colemos en sus clases y coles, o que vienen a las nuestras a colarse. Ya haya sido en Cádiz: Eloy, Toñi… o en Málaga: José María, Lourdes, Paco, Pablo… Frente a los discursos que buscan confrontar etapas y perspectivas, confieso que yo, mayoritariamente, siempre me he encontrado con profesionales y espacios de respeto, cariño y de búsqueda compartida. Educar es una tarea lo suficientemente compleja y difícil como para buscar enemigos en lugar de aliados.
Respetar, valorar y necesitar esta relación entre universidad y escuela, como espacio donde las cosas cobran sentido, es algo de lo que también me siento en parte heredero, gracias a que mis profes me hicieron vivirlo durante mi formación. Otro motivo más de agradecimiento.
A los compañeros y compañeras del Colectivo DIME+, profes, familias y alumnado, que representan una oportunidad, un reto y una responsabilidad diaria para seguir formándome y aprendiendo, pero, sobre todo, que suponen un ejemplo de compromiso educativo, político, ético… y de cuidado. En los tiempos en los que la visión individualista -en el peor sentido de la palabra- está instalada en el ADN social, encontrar un espacio colectivo de cuidado y compromiso con la educación es un oasis en el desierto. GRACIAS.
Y aquí, no me puedo dejar en el tintero a “Alienada”, por esa sensación de ser hermanos gemelos separados al nacer.
Gracias también a Charo, mi jefa en decanato, por confiar en mí ciegamente y por su cariño y paciencia conmigo, y a todos los compañeros y compañeras de decanato con los que he vivido cuatro años intensos de trabajo, pero en los que siempre hemos sacado un momento para reírnos y cuidarnos: Lola, Antonio, Carmen, Juan, Amparo, Caro, Eli, Pilar…
Gracias a Fernando Trujillo por ofrecerme la posibilidad y la responsabilidad de participar en una investigación única en la vida. A Manuel Jiménez, por su inestimable ayuda en la Cátedra de Esports, pero, sobre todo, por su amistad, por su cariño incondicional y por estar ahí para todo.
A Bea y a todos mis compis de selectividad, no se puede trabajar con más buen rollo que con vosotros y vosotras.
A Juanqui, porque da igual el tiempo que pase, que siempre está ahí para lo que haga falta; en los buenos y en los malos momentos.
A mis perritas: a Nutella, por esa curiosidad y capacidad de disfrutar contagiosa que tiene desde que llegó a nuestra casa siendo un pompón malvado, y a Dama, por enseñarme desde que llegó a casa a tener paciencia y a respetar los tiempos de los demás. Sigo en ello, pero es un aprendizaje que, a mí especialmente, me hace mucha falta.
A Alejandro, por acompañarme y ayudarme a entender la maravillosa aventura de la vida.
Y, por último, a la persona más importante, sin la que no sabría qué hacer ni dónde estar; la que me ve -y me sufre- cuando nadie me ve, la que, como ella misma diría, me conoce metido dentro de un saco. Mi compañera en el aula, en la casa y en la vida, con la que no me canso de compartirlo todo.
A todo vosotros y vosotras: GRACIAS
