El deber de los deberes  

en Docente, Educación, Reflexiones

Hoy quiero abordar un tema del que ya se ha dicho y mucho, como es el de las dichosas tareas para casa y sobre el que recomiendo leer la entrada en su blog de mi amigo Nacho Rivas.

La idea de tratar este tema, se la debo a mi amiga y compañera Mayka que justamente el otro día al salir de clase, mientras nos fumábamos un cigarro, me contaba sobre el tema y sus experiencias y, a Javier, que con sus comentarios en el Facebook me ha servido de inspiración para decidirme abordar el tema.

Así que vamos a tratar de ver cuál es el sentido de las tareas para casa que sufren cada día la inmensa mayoría de niños y niñas de este país.

Examinemos el horario lectivo de un-a niño-a cualquiera que asiste a la escuela de este país.

Suele entrar al cole alrededor de las 7 de la mañana, para desayunar y asistir al aula matinal, tienen clases hasta aproximadamente las 14 hrs, luego va al comedor escolar y por la tarde tiene actividades extraescolares hasta aproximadamente las 18 hrs. Si aparte de esto, el-la alumno-a tiene actividades por su cuenta (academia, deporte de equipo, etc) la jornada escolar puede extenderse hasta las 19 ó 20 hrs de la tarde. A esa hora lo recoge su familia y va a casa. Podríamos pensar que a descansar, jugar, … o a hacer esas cosas que hacen los-as niños-as. Pero no… cuando llega a casa tiene que hacer los deberes. Luego a cenar y a acostarse temprano porque al día siguiente le toca una jornada de trabajo igual.

Y digo yo… ¿¿los-as niños-as cuando tienen tiempo de ser niños-as???

Voy a tratar de explicar de forma esquemática por qué estoy absolutamente en contra de las tareas para casa:

En primer lugar, no vamos a hablar aquí de la importancia del juego y el tiempo libre en el desarrollo socio-afectivo del-a niño-a. Cualquiera que tenga dudas sobre esto, le recomiendo que eche un ojo a cualquier manual de psicología del desarrollo.

En segundo lugar, podríamos preguntarnos si esa apretada jornada laboral de un-a niño-a de nuestro país que hemos descrito anteriormente, obedece a motivos didáctico-pedagógicos o a conciliación de la vida laboral de las familias, donde normalmente, padre y madre trabajan.

En tercer lugar, está el asunto en sí de los deberes. Por desgracia, los deberes suelen estar asociados a un tipo de trabajo escolar muy concreto. Uno basado en la reproducción de contenidos, en la instrucción mecánica de conceptos que hay que repetir hasta la saciedad para mecanizarlos, de ahí la importancia, desde esta perspectiva, de los deberes. Del, por decirlo de alguna manera, “la letra con sangre entra”.2059225092_af285a7de6_o

Yo siempre les planteo a mis estudiantes que hay que diferenciar, con respecto al aprendizaje, entre esfuerzo y sufrimiento. Está claro que aprender conlleva esfuerzo, pero es un esfuerzo que, al que aprende no le consta como tal. Todos y cada uno-a de nosotros-as podemos identificar algún momento en el que hemos estado aprendiendo y el tiempo (aquí está el esfuerzo) ha volado mientras lo hacíamos. Es lo que en psicología se conoce como estado de “flow”. (Si queréis profundizar sobre el asunto de la cultura del esfuerzo, os recomiendo este enlace.)

La mejor manera de ilustrar esto se la escuché a uno de mis profesores de la facultad cuando nos dijo:

Aprender es como hacer el amor, algo que cuesta mucho esfuerzo, pero todos-as hacemos de buen grado.

Asunto diferente es el sufrimiento, que es con el que confundimos el esfuerzo cuando hablamos de él en la escuela. Y que tiene que ver con cuando nuestro alumnado es plenamente consciente del esfuerzo que está haciendo cada segundo que dura la actividad o los deberes. Esto no es esfuerzo, es sufrimiento puro y duro… y quien hace sufrir a los-as demás, lo que pone en práctica es la tortura.

Así que lo siento, pero no, la letra con sangre no entra. Decía Federico Luppi en la película lugares comunes:

No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, lo que se impone por la fuerza a menudo es rechazado y en poco tiempo se olvida.

Todo este tema sobre la idoneidad de hacer deberes ya ha sido más que comentado por muchos especialistas. Aquí, aquí y aquí podéis encontrar varios ejemplos. Y si queréis profundizar sobre qué tipo de actividades deberían hacerse en la escuela (que sería tema de otro post) os recomiendo que leáis el capítulo de Pérez Gómez del libro de Gimeno de 2008: “Educar por competencias qué hay de nuevo”, donde viene una amplia lista de características que deberían tener en cuenta las actividades escolares.

Pero hay otros temas que tienen mucho que ver con los deberes y que rara vez suelen tratarse.

Uno de ellos tiene que ver con la función social de la escuela, es decir con la función compensatoria de ésta. Este aspecto que a alguno-a puede parecerle secundario, no debe serlo, cuando aparece bien destacado en todas y cada una de las leyes de nuestro país desde 1970 (incluida la LOMCE actual), os invito a consultarlo en las secciones: “Principios y Fines” del primer capítulo.

7437152606_4b7c5d6387_zY es que no están en la misma situación para hacer dichos deberes, un-a alumno-a que tiene en su casa familiares con un alto nivel cultural que puedan ayudarles, que cuentan con un espacio adecuado para estudiar, etc., que otro-a alumno-a cuya familia está desestructurada, que vive en el mismo cuarto con tres hermanos-as más, que vive con los-as abuelos-as o, cualquier otra situación que os podáis imaginar. Está claro quién parte con más ventajas para hacer los deberes y, la función de la escuela es proporcionar igualdad de oportunidades a ambos . ¿No es por tanto, digo yo – y llamadme loco si queréis-, la escuela, la clase, dónde deberían hacerse estas tareas. Donde hay un-a maestro-a que puede asesorar por igual a ambos alumnos-as?

Otro tema que tiene que ver con los deberes es la participación de las familias. A menudo (y en algunas ocasiones con mucha razón) escucho a los-as maestros-as quejarse de lo que les cuesta conseguir la participación de las familias. Pero el otro día escuché a una madre decir algo muy interesante: “¡Si para lo único que quieren que participe en la escuela es para que ayude o esté pendiente de la tarea de mi hijo!” Y es que no sé en otras comunidades, pero aquí en Andalucía, se usa la plataforma PASEN, para notificar a los familiares la tarea de sus hijos-as… Digo yo que con el dineral que ha debido costar esta plataforma informática… ¿habrá usos más fructíferos, no?

En cualquier caso, lo que está claro es que la participación de las familias tiene sentido para otras muchas cosas, pero no para que sean la agenda personal de sus hijos-as y de sus deberes. De hecho, ahora con la moda de hacer grupos de whatsapp con los familiares para esto mismo, ya empieza a haber gente que empieza a quejarse de estos aspectos y con razón.

http://noelialopezcheda.wordpress.com/2014/10/30/me-niego-a-ser-la-agenda-de-mi-hija-por-el-whatsapp/

Otra cuestión muy interesante y que me comentaba una maestra en una reunión que celebramos el otro día, tiene que ver con la importancia de la profesión docente y es que con los deberes, desprestigiamos nuestra profesión, damos por sentado que nuestro trabajo (si es que es el de hacer ejercicios del libro de texto) puede hacerlo cualquiera: Un padre carnicero, una madre abogada, etc. ¿para qué entonces hace falta el-la maestro-a? Parece que ellos-as mismos-as entienden que cualquiera puede hacer su trabajo, ¿no? Dejamos nuestra función en manos de las familias que no tienen por qué saberlo ni si quiera por qué hacerlo. ¿Os imagináis a un-a pediatra dejando la administración de las vacunas en manos de las familias (pinchazos incluidos)?

Yo por el contrario, que quede claro, pienso que la labor de un-a buen docente es irreemplazable, creo que son nuestros conocimientos para tomar decisiones sobre la formación de alumnos-as lo que nos distingue de cualquier otra profesión y que nuestra capacidad para diseñar actividades educativas por y para el alumnado, jamás podrá ser remplazada por las nuevas tecnologías, ni ninguna otra profesión.

Ahora bien, otra cuestión para analizar es que los-a maestros-as nos formemos durante cuatro años y nuestra función acabe reduciéndose a la dicotomía de decidir qué ejercicios mandamos de la página cuatro del libro de texto o si nos saltamos el tema 3 y damos el 4…

Y es que en esa obsesión por que nuestro alumnado memorice contenidos, cuantos más mejor, ya nada es suficiente. Las horas de clase siempre parecen quedarse cortas para los-as docentes y qué mejor que una larga lista de ejercicios para casa…. Porque la letra con sangre entra, porque hace falta cultura del esfuerzo que se está perdiendo entre el alumnado.

Porque, para qué hacer cosas interesantes y potentes en el aula cuando podemos mandar tareas mecánicas y repetitivas, sacadas, por supuesto del omnipresente libro de texto… Da igual que en los mejores sistemas educativos (esos que esos mismos-as docentes alaban en público para otras cuestiones) se trabaje de manera radicalmente diferente en la escuela, donde el alumnado hace cosas conectadas con la práctica, con su vida diaria, con sentido,…

Aunque claro, hacer cosas potentes, educativas e interesantes con alumnado y familia, dejar el libro de texto y empezar a pensar en sus propias actividades conllevaría mucho más deberes para casa, pero para el-la docente…

 

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6 comentarios en “El deber de los deberes  ”

  1. Te agradezco que hayas citado mi post, que coincide con lo que tú mismo planteas en el tuyo. Desgraciadamente, y sin que tenga claro por qué, los docentes siguen colocando el énfasis en la necesidad de estas tareas. Ya no solo durante el curso, sino también en vacaciones. Como si el alumnado tiene que seguir ejerciendo como tal los 365 días del año y las 24 horas del día. Vamos, un sacerdocio. Eso es vocación, … a la fuerza. Hay una falsa idea de lo que es el aprendizaje. Este no es el resultado de la repetición ni de la insistencia, y mucho menos, del esfuerzo inútil. Aprender es una necesidad del ser humano que tiene lugar desde incluso antes de nacer y que no para hasta el tránsito a la otra vida. El esfuerzo tiene que ver con el aprendizaje forzado. O sea, con la obligación de aprender de acuerdo a los intereses de otros, pero no a las necesidades propias. Desgraciadamente este es el modelo escolar. Pero existe otro modo de hacer las cosas: aquel que pasa por buscar sentido a la propia realidad, como forma de proyectarse a la realidad y a la historia. Y este es al aprendizaje que sirve para transformar, para convivir y para crecer. Un niño feliz es un niño que aprende sin esfuerzo; un niño obligado es un niño adoctrinado y sometido abocado a la dependencia.

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