La culpa es mía

en Docente, Educación, Formación, Reflexiones

Bueno, hoy toca un poco de autocrítica.
..

Hace unos días, me encontraba sumergido en un debate en Facebook sobre fichas sí o fichas no en Infantil, cuando mi compañero @Nacho0057 hizo un comentario que me recordó que tenía este tema pendiente de tratar en el blog.


Normalmente cuando empiezo el año con un grupo nuevo de estudiantes y comenzamos como siempre a cuestionar aquellas cosas de la profesión y la metodología docente que tenemos tan asentadas, siempre se me acerca alguno-a al final de clase y me hace la siguiente pregunta:

–    Manolo, no lo entiendo… si todo esto está tan claro… ¿por qué no cambian las cosas en la escuela?

Mi respuesta es siempre la misma:

–    Las cosas no cambian en la escuela por mi culpa…

Y es que creo sinceramente que una parte muy importante de la culpa de que la escuela no cambie a mejor, la tenemos en la Universidad.

Veréis, el problema tal y como yo lo veo es el siguiente: El alumnado llega a la universidad con un amplio bagaje de cómo deben ser las cosas en las aulas. Este bagaje se debe a que llevan aproximadamente 19 años en la institución escolar (digo 19 años porque yo los cojo en segundo de carrera). El problema es que muchas veces ese bagaje, esa experiencia, no tiene por qué ser la más correcta –la más acorde a la teoría existente- desde el punto de vista educativo.

Se supone justamente, que es aquí en la universidad donde debemos transformar esa experiencia y ofrecerle al alumnado herramientas útiles para llevar a la práctica las cosas de una forma más educativa.


¿Cuál es el problema? 
Que esto rara vez ocurre. Normalmente en la universidad les damos una gran cantidad de contenido teórico con escasa conexión práctica –entre otra cosas porque entre el profesorado no sabemos hacer esa conexión tampoco-.


Yo siempre le digo al alumnado que la teoría sólo tiene una función que  es: alumbrar nuestras decisiones en la práctica. Pero para que esto sea así es necesario que pongamos al alumnado en situaciones en las que tenga que decidir, pensar, cuestionarse,… sobre la práctica. Si ésta es real mucho mejor. Y somos los y las docentes, quienes debemos mostrarles ahí, en la práctica, para qué nos pueden ayudar Piaget, Vygotsky,… en esas decisiones. Mi amigo @kikomas lo decía de una manera muy clara cuando yo era estudiante:

el conocimiento no puede ser una promesa de futuro

No podemos decirles: estudiad esto que algún día veréis como os sirve para algo.


Pero en lugar de eso, les damos justo lo contrario, mucha más experiencia acumulada de lo que no son procesos educativos. Por citar un clásico, me tiro toda la sesión de clase hablándoles de la importancia de la motivación sobre el aprendizaje y lo hago con un powerpoint a las 8:00 de la mañana mientras los tengo hastiados copiando apuntes. Coherencia, sí señor!

Lo que esto provoca es que aunque consigamos concienciar al alumnado de la necesidad de cambio, no le damos las estrategias necesarias para llevarlo a cabo. Y claro, cuando pisan un aula e intentan poner en práctica lo que han visto en la Universidad aquello es un sindios porque saben qué quieren hacer con el alumnado pero no cómo hacerlo y terminan recurriendo a un lugar en el que se sienten seguros: su experiencia,  haciendo lo que se ha hecho toda la vida con ellos. Esté bien o mal. Y convencidos de esa coletilla que tanto escuchamos:

En la universidad viven en las nubes… esas cosas no se pueden hacer en las aulas

PD: Después de este auto-rapapolvo diré que también es cierto que cada día me encuentro con más compañeros-as que hacen las cosas de una forma magnífica en sus asignaturas y que han conseguido crear verdaderos espacios de conexión teoría y práctica para sus estudiantes.

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7 comentarios en “La culpa es mía”

  1. El fracaso está en que en la Universidad se olvidan de la realidad e inventan un universo paralelo donde todo es muy guay. Trabajo en un centro de secundaria de Profesor de PT, creo que debe ser el centro de Galicia donde más diversidad hay, y jamás ha venido nadie de la Universidad a interesarse por nuestro trabajo. Y ya que estamos con la física cuántica diré en su descargo aquello de que un mismo fenómeno puede ser percibido de manera diferente.

    • Buenas Javier, en primer lugar, gracias por comentar 😉
      En segundo lugar, no creo que el problema esté “exactamente” en lo que dices. Si hacemos caso a los estereotipos, también podrimos decir que clama al cielo el desprecio que muchos profesionales de la educación tienen por sus ciencias madres: pedagogía, psicología, etc. (si los médicos hicieran lo mismo con la anatomía, apañados iríamos).
      Yo creo que es una cuestión de concepción generalizada de la docencia (y que se evidencia claramente en la universidad) en la que prima la teoría y no existe ninguna conexión con la práctica. Yo en el post he hablado de mi ámbito. Pero clamoroso también y muy llamativo, es el caso del inglés. Nuestro alumnado pasa 14 años mínimo estudiando inglés y no hablan ni “papa”. Culpa a mi juicio, del peso casi en exclusiva de la gramática y de la sintaxis y de la prácticamente, ninguna situación de habla del idioma en clase 😉
      Creo en cualquier caso, que todos los-as docentes deberíamos replantearnos lo que hacemos en el aula (desde infantil hasta la universidad) y encaminarla más hacia problemas prácticos que plantearle a nuestro alumnado para que busquen las respuestas, en lugar de dárselas nosotros-as y que las vomiten en un examen.
      En la primera situación la teoría puede tener un valor de uso (resolver un problema de la vida real) y en la segunda sólo de cambio (yo te digo lo que tú quieres escuchar aunque no sepa para qué vale, y tú a cambio me pones una nota muy buena).

      • En primer lugar muchas gracias por tu atención. Estoy de acuerdo contigo hay “profesionales” que desprecian la pedagogía y/o la psicología, alguno hasta presume de ello; he de decirte respecto de este punto que soy maestro, licenciado en Psicopedagogía y doctor en Ciencias de la Educación; no te lo digo para presumir, sino para apoyar mi opinión. Digo mi opinión porque ni tú ni yo nos basamos en hechos demostrados, sino, más bien, en intuiciones.
        La culpa es tuya y es mía y es de todos, todos aportamos nuestro granito de arena a los mecanismos y a los engranajes. Aquí cambian los planes y leyes de educación cada cinco minutos, pero la educación no cambia nada y es aquí donde la Universidad tiene su parte alícuota de culpa. Cuando aparece el ranking de las mejores universidades nunca ha aparecido una universidad española entre las cincuenta primeras, ¿por algo será? Conozco universidades diferentes y todas cojean del mismo pie y no considero que esto sea un estereotipo, sino la confirmación de que la Universidad no conecta con la realidad, hay poca conexión con la empresa y los centros de trabajo y en las facultades de educación esto se nota mucho.
        Yo también hago mío el “la culpa es mía”, porque alguna culpa tendré y por ese camino vamos bien. Creo que no debes arrepentirte de tu “la culpa es mía”, si todos abrazáramos esta creencia con el mismo entusiasmo que una religión o con el fanatismo del que sigue un equipo de fútbol nos iría mucho mejor.
        Saludos

        • Buenas Javier, de nuevo gracias por comentar 😉
          Totalmente de acuerdo con lo que dices. Yo soy de los que piensa que la escuela es un lugar donde se hacen muchas cosas interesantes -educativamente hablando- y así se lo cuento a mi alumnado. Siempre estoy llevándoles actividades y experiencias de innovación que se realizan en la escuela. Justo porque estoy convencido de que hay que demostrarles que “en la realidad” – y no en la universidad que vivimos en las nubes :P- hay mucha gente haciendo la cosas de otra manera, más acorde a lo que deben ser las cosas 😉
          Lo único que no comparto de lo que dices es lo del Ranking de las universidades, más que nada porque desconozco los criterios para realizar dicho Ranking. Quiero decir, cuál está de las primeras ¿Harvard, Yale,…? Faltaría más. Seleccionan expresamente a su alumnado de entre los mejores. ¿Cómo no van a tener un número mayor de premios nobel que cualquier otra universidad?
          Yo creo que la mejor universidad sería, en cualquier caso, la que cogiera a los peores alumnos-as y los hiciera los mejores profesionales posible – ojo! no hablo de notas- 😉

  2. ¿Debemos enseñar a nuestro alumnos -futuros maestros- para lo que la escuela es o para lo que queremos que sea? yo personalmente opino que necesitan una combinación de ambas, debemos enseñarles lo que se hace y cómo podría hacerse de otro modo.
    Sobre la conexión con la práctica, necesaria pero difícil, desde el momento en que no podemos tener en clase la “materia prima” de nuestro trabajo: un aula con 25 niños. Vídeos, fotos, simulaciones…. ayudan, pero no son una situación práctica real,
    Enhorabuena por el post!

    • Gracias Cristina! Pues sí, muy de acuerdo contigo. Siempre he pensado que aquello de la escuela aneja a las facultades de educación no era mala idea del todo. Justo ayer hablaba con una compañera que ha organizado todo un entramado de prácticas en diferentes escuelas en su asignatura y ha tenido que recurrir a los amigos-as, conocidos-as,.. que estaban trabajando en la escuela y pedirles el favor de que reciban a su alumnado. Al final muchas veces “tiramos” de contactos personales. El apoyo institucional más allá del practicum establecido es difícil de conseguir 😉

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