Pinta y colorea

en Educación, Formación, Reflexiones

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Anoche me encontraba viendo el gran debate de telecinco. Especialmente el apartado sobre educacion en el que se hablaba de los tan comentados resultados del examen de oposiciones de la comunidad de Madrid y sobre los que si queréis profundizar, recomiendo los posts de @carlosmorond, @Nando_J (1 y 2) y @miguelsola69.

A la par que lo veía, iba twitteando (de indignación fundamentalmente) cuando mi compañera @aileon25 y yo nos vimos arrastrados a un debate vía Twitter sobré lo fácil del magisterio como carrera y en el que tratábamos de plantear si dificultad era igual a calidad.

Lo que me indigna de este aspecto es la tan extendida idea de que en la carrera de magisterio fundamentalmente se hacen trabajitos de “pinta y colorea” y apruebas. Si bien es cierto que hay algo de verdad en esto, igualmente es cierto que ni cuando hablamos de ello lo hacemos con datos ni que “todo el monte es orégano”.

Yo mismo estudié Magisterio Audición y Lenguaje y tuve, desde asignaturas que aprobaba con un trabajito copiado de internet, hasta asignaturas como: anatomía y fisioneurología del lenguaje, tratamiento educativo de las dificultades del lenguaje, psicopatología de la audición y el lenguaje, psicología de la educación, etc. En las que tuve que estudiarme de memoria varios libros y el índice de suspensos era altísimo.

No obstante, lejos de meterme en un absurdo debate que nos llevaría a hablar de qué profesores-as dan clase en cada facultad y qué exigen ( la realidad es que la dificultad de cualquier carrera depende del profesorado que te toque), lo que me interesa rescatar aquí es la terrible idea que subyace a estos comentarios, que no es más que «la letra con sangre entra».

Esta idea tan asentada social y profesionalmente, es más propia de un modelo educativo de la Edad Media que del siglo XXI. Y tiene que ver, a mi juicio, con tres aspectos fundamentales:

1- De educación habla y sienta cátedra, todo el mundo. Y a eso nos tienen muy acostumbrado en los debates televisivos como el de ayer. No conozco una profesión en la que se desprecie más sus ciencias madres, la pedagogía y la psicología, que la nuestra. No es raro escuchar incluso a algún compañero-a, la frase de “la pedagogía no sirve para nada”. ¿Os imagináis a un médico operando y diciendo que la anatomía no vale para nada?…

2- La conciencia popular y social sobre el aprendizaje y el conocimiento tiene que ver con lo que yo llamo “conocimiento de salón” o de trivial pursuit. Todavía seguimos creyendo que almacenar una gran cantidad de conceptos nos prepara mejor para nuestra práctica profesional y que es posible, en la época que vivimos con la disponibilidad de información que tenemos en internet, almacenar todos esos conocimientos de un determinado campo profesional.

3- En las facultades de educación, no sólo no somos capaces de transformar estas concepciones de aprendizaje y conocimiento, sino que muchas veces las reforzamos. Al igual que, generalmente, no somos capaces de ofrecer modelos alternativos de formación de calidad que puedan exportarse a otras áreas.

Todo esto hace que la preocupación mayoritaria sobre educación y formación sea la de hacer llegar al alumnado al “nivel” correspondiente y para eso, cuanto más les exijas (en el sentido de hacerlos memorizar y ponerles exámenes muy duros) mejor que mejor.

En primer lugar, no voy a ponerme aquí a explicar en profundidad por qué eso del ’nivel’ no sólo es una falacia, sino que no tiene ningún rigor y no se mantiene como concepto en sí. Para aquellos que queráis profundizar sobre el tema (o que no me creáis) os recomiendo una investigación que se hizo en Francia y cuyas conclusiones e ideas fundamentales publicaron Establet, R. y Baudelot, C. en su libro El nivel educativo sube (1994). Una lectura más que obligada si te dedicas a esto de la educación.

En segundo lugar, seamos sinceros… ¿Cuántos de nosotros-as hemos usado aquellos conocimientos y conceptos que tan arduamente nos exigieron estudiar de memoria en la facultad en nuestra práctica profesional? ¿Qué porcentaje de ellos hemos usado? ¿Un 1%?… ¿No es triste?

Y si no lo hacemos, ¿por qué somos tan hipócritas de pedir que se siga exigiendo lo mismo, o más, en la formación de profesionales? ¿Cuántos de vosotros-as ingenieros-as informáticos-as -por ejemplo-, usáis todas las matemáticas y la física que tuvisteis que estudiar en vuestra dura carrera ahora que estáis trabajando?

openphotonet_image3Muchos-as responden a esto diciendo: «No, hombre no. Pero eso hace falta par tener una base y luego tú cuando sales de la carrera ya aprendes tu profesión»… Brillante consuelo, ¿nos pasamos cuatro años de carrera para tener una base? Cuatro años estudiando como «borricos» ¿para tener una base? ¿Estoy yo loco o podríamos dedicar ese tiempo en formarnos como profesionales de verdad? ¿No saldríamos mucho mejor preparados y sobre todo con un conocimiento profesional mucho más útil, si en nuestra formación dejáramos de almacenar conceptos como máquinas -os recuerdo que con esto no podremos competir jamás con un ordenador- y nos dedicáramos a ponerlos en práctica orientados por un gran profesional -que debiera ser nuestro profesor-a-?

¿Acaso la reproducción memorística en un examen tiene, de lejos, algo que ver con lo buen o mal profesional que vayas a ser? Por qué entonces acudimos a ellos como única garantía para comprobar unos aprendizajes que: a) no nos sirven para ser mejores profesionales tal y como se trabajan b)no tienen nada que ver con el desempeño profesional y c) su reproducción en un papel no nos garantiza ni que los recordemos cuando hayamos terminado la carrera, ni que nos sirvan para nuestra profesión.

¿No estamos ahora en eso de las competencias -de las que no soy un especial defensor, pero estaréis de acuerdo conmigo en que no tienen nada que ver con la memorización-? ¿Cómo se mantienen ambos discursos al mismo tiempo?

Así qué desde aquí os invito a que reflexionéis sobre estas cuestiones. A recomendaros la excelente obra de Schön, D. A. (1992) La formación de profesionales reflexivos, para ahondar en una formación de calidad y, por último, a que nos preguntemos: ¿se puede medir-comprobar el aprendizaje o lo que medimos-comprobamos es la fidelidad de la reproducción? Si es esto último y no nos hace mejores profesionales, ni remotamente, ¿por qué exigimos que sea esto lo que se haga en las facultades en vez de reclamar una formación de calidad, más relacionada con lo primero?

A lo mejor si nos dedicáramos más al “pinta y colorea” y menos al memorízatelo todo y vomítamelo en un examen -para luego olvidarlo aunque tengas matrícula de honor- tampoco nos iría tan mal. En cualquier caso no estaríamos tirando el tiempo a la basura. Lo siento pero la letra solo entra si la cabeza quiere y para querer, ni amenazas ni exigencias. Sólo actividades interesantes y útiles (y que por mi experiencia el alumnado se implica rápidamente) y de eso, por desgracia hay muy poco en todas las carreras. Desde magisterio hasta las ingenierías.

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6 comentarios en “Pinta y colorea”

  1. En este sistema competitivo, credencialista y mercantilizado que caracteriza la educación y la universidad parece que la dificultad mayor o menos de los estudios es un valor añadido al título. Casi que deberían añadirlo en el diploma final. Pero no deja de ser una falacia y una formar de favorecer las políticas de rankings que nos caracterizan. En este caso oficioso, pero ranking al fin y al cabo. Sin embargo, a mi lo que me preocupa, mas que si es más o menos difícil estudiar magisterio es si nuestro alumnado sale suficientemente bien preparado para la tarea que tendrá que realizar como profesional, que es lo realmente difícil.

    • Totalmente de acuerdo Nacho. Precisamente por eso me indigna que se de más importancia a la dificultad que a la preparación profesional de las carreras. Como sí una cosa fuera consecuencia de la otra.

      Como siempre gracias por comentar 😉

  2. Manuel en el post apuntas un aspecto clave en toda la polémica que nos envuelve. Lo esencial, tal y como bien señalas citando una de mis obras de referencia – chön, D. A. (1992) La formación de profesionales reflexivos- es formar profesionales reflexivos. La reflexividad es la puerta de de la innovación, en la medida en que la reflexión desde la práctica docente presente, a la luz de la pasada es la puerta que se hacia la práctica futura, es decir, la innovación que incorpora las buenas prácticas. En esta línea escribía un post este fin de semana “Dar la voz al profesorado: una fuente de innovación educativa” (http://www.aristas.org/edufor/2013/03/16/dar-la-voz-al-profesorado-una-fuente-de-innovacion-educativa/). Se quiere desprestigiar la voz del profesorado, esa que nace de su reflexividad, ya que desgracidamente no se tiene en cuenta como fuente de innovación. Si lo desprestigiamos justificamos el silencio al que lo confinamos y el prescindir de su experiencia a la hora de diseñar una reforma educativa.

    • Buenas José Manuel. En primer lugar, gracias por tu comentario 😉

      En segundo lugar, decirte que estoy totalmente de acuerdo contigo (al menos en parte) y que hay cantidad de maestros y maestras haciendo cosas interesantísimas con su alumnado en muchos sitios y que son una fuente riquísima y esencial en la innovación educativa. También se ha comentado en otros posts la desconfianza que genera el propio sistema en el profesorado. Qué sentido tiene formar al profesorado durante 4 años para luego establecer un sistema de oposiciones (como los que conocemos)? No es más lógico confiar en su formación y que sean seleccionados en base a otros criterios? (No digo que sea lo ideal, tendría que examinarlo con tiempo, pero en otros países son los colegios los que contratan a los docentes)

      De nuevo muchas gracias por tu comentario 😉

  3. Hoy en día, cuando todo se pretende institucionalizar, aprobar los exámenes necesarios para obtener un título no garantiza en absoluto que se tengan las destrezas que dicho título avala. Al aislar lo aprendido de la realidad en la que debe aplicarse, al resolver situaciones ficticias en vez de problemas auténticos, se fabrican muchos ingenieros de salón y muy pocos mecánicos de élite.

    Este es el resultado de parcelar el conocimiento desglosándolo en temas y asignaturas, en piezas prefabricadas cuyo dominio se mide por separado; empleando para ello útiles y unidades de medida normalizadas. Los útiles son los exámenes y las unidades el número de respuestas acertadas. Y este número presuntamente indica la cantidad de saber que se posee, la parcela del currículo que se domina. Ello permite, además, comparar los resultados y colocar a cada cual en su casilla, de forma que todos ocupen el lugar que les corresponde.

    Por eso se utilizan tanto, porque es un sistema muy simple que todos entienden y en el que se dispone de pruebas documentales que permiten defenderse, en el caso de que alguien cuestione nuestra valoración. Es un sistema cómodo, que simplifica enormemente la emisión de un juicio, primando su resultado sobre otro tipo de consideraciones, como el empeño y la dedicación puestos en el aprendizaje o el interés o la pertinencia que, para el aprendiz, tenía lo aprendido. Es un sistema que facilita enormemente el funcionamiento de la escuela como institución, en tanto que evita la posible dispersión y, sobre todo, la complejidad a la que conduce respetar el ritmo y el proceso de aprendizaje de cada uno y alimentarlo en consecuencia.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/examenes

    • Totalmente de acuerdo Enrique, no podría haberlo expresado mejor ;).
      Sólo añadir a lo que comentas que ese sistema produce también la alienación del pensamiento docente y, por ende, la pérdida de autonomía.

      Muchas gracias por tu comentario 😉

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