Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga. La historia de la reproducción

Cuando analizo con mi alumnado en clase las características de nuestra profesión – la docente- siempre suelo plantearles que los profesores-as tenemos la “virtud” de olvidar aquellas cosas que durante nuestra etapa escolar hemos odiado, visto como inútiles, absurdas, etc.

Durante nuestra formación, tendemos a quejarnos de aquellos profesores-as que nos aburren en clase, que nos plantean actividades inútiles, que tienen comportamientos/relaciones poco adecuadas con el alumnado, etc. Para luego repetir exactamente dichos comportamientos pero con nuestro alumnado…¿Alguien lo entiende? Sin duda, me parece fascinante y es algo característico y puramente intrínseco a nuestra profesión.

Nota: Para entender este aspecto y por qué ocurre, recomiendo encarecidamente los análisis que hace sobre las creencias ideológicas mi compañero y amigo Miguel Sola.

Es por eso que hago mucho hincapié en analizar este aspecto y dónde tiene su origen, para tratar de explicarles lo que para mí ha sido un dogma a lo largo de mi experiencia profesional: No hagas con tu alumnado aquello que no te gustaba que hicieran contigo cuando eras alumno-a.

Pero ¿por qué hablo de esto?

Recientemente, un grupo de ex-alumnos-as con el que guardo bastante contacto me ha tenido algo preocupado. Lo primero que hizo saltar la voz de alarma fueron sus extraños y continuados estados en facebook (sí, llamadme atrevido pero tengo a mis estudiantes agregados al facebook) en los que recogían el comentario fuera de lugar de un profesor-a (desconozco su identidad) o su hartura de las continuadas e interminables exposiciones en powerpoint, su hastío al no recibir explicaciones cuando preguntaban alguna duda, … y demás comportamientos tan “beneficiosos” para la formación de futuros docentes.

Más tarde en algún encontronazo entre pasillos me han contado más profundamente alguna de estas experiencias  y no he podido evitar preguntarme ¿qué estamos haciendo con nuestros futuros docentes?, ¿por qué existe esa tendencia a criminalizar al alumnado?, ¿a obligarlo a hacer esfuerzos, por el mero hecho de verlos esforzarse, aunque la cualidad del esfuerzo poco o nada tenga que ver con la calidad de su formación o aprendizaje?.

De verdad que no puedo entenderlo. En serio que a estas alturas de siglo y con la cantidad de conocimiento acumulado que tenemos sobre cómo aprenden los seres humanos, no entiendo estas actitudes tan extendidas entre mis compañeros-as de profesión.

Toda aquella teoría que estudiamos cuando nos formábamos y que ahora hacemos estudiar a nuestro alumnado estrictamente – y que contradecimos totalmente con lo que hacemos. No me digáis que no manda… narices el asunto. Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga-, aquello de que “el profesor-a debe ser un guía, un orientador en el aprendizaje de sus alumnos-as y que les plantea ricas actividades de aprendizaje en la que tengan que pensar, debatir, construir,…hacerlos-as críticos-as” – maldita coletilla esta del pensamiento crítico que inunda todas nuestras programaciones- ¿dónde está? ¿acaso obligándolos a memorizar textos y/o powerpoints cumplimos esto? Porque los penalizamos por no hacerlo. Tendemos a exigirles que hagan ese trabajo tedioso e inútil porque sino son unos vagos, no se esfuerzan y, por supuesto, si no se esfuerzan, los suspendemos. Así de simple. Aunque el esfuerzo no tenga que ver con su aprendizaje, aunque no los haga mejores maestros-as,… ¿es sólo por el vicio de verlos esforzarse? ¿de hacerlos sumisos-as? Si esta teoría que memorizamos no caló en nuestro quehacer docente ¿por qué no cambiamos la metodología? más actual, más acorde al conocimiento sobre aprendizaje, más del siglo XXI,… creo que sólo intentarlo es algo que merece la pena.

PD: Dedicado a mis ex-alumnos-as